
domingo, 17 de junio de 2007
Almería

lunes, 11 de junio de 2007
Por la noche
martes, 5 de junio de 2007
Recuerdos compartidos
No dije ni palabra hasta bien entrado el tercer año de mi vida. Ni mí, ni mu, ni ma, ni pa, ni ninguna otra onomatopeya que pudiera sugerir alguno de los conceptos del imaginario común de los bebés. Mis padres se preocuparon y a la hora del té debatían con sus compatriotas exiliados si es que los niños podían volverse mudos con el calor o si, tal vez, quien sabe, por la gloria de la reina, a lo mejor en las penínsulas les envolvía letargo lingüístico completamente desconocido en las islas de por arriba a mano izquierda… A nadie se le ocurrió que tres lenguas eran muchas. Y es que chupete en casa se decía diferente que en la guardería y la niñera hablaba raro y yo, que siempre he sido consecuente, no pensaba soltar ni prenda hasta tener claro en qué carai me estaban hablando…
Después llegó el cole. Por aquel entonces yo ya hablaba, alto y claro y casi de pito y todo. Mis padres tuvieron la genial idea de cambiar de ciudad, qué chispa la suya al escoger un destino tan cosmopolita y ecléctico, que si peras que si manzanas. El primer día de primero de primaria fui la primera en entrar al aula; vestida con bombachos, delgada de saludos, inédita e incógnita. Que es que en los párvulos se hacen lazos muy firmes y tú, con ese acento raro y esos pantalones cortos que parecen una falda, tú eres una rara que no veas y vas a ser, aunque sólo dure un rato, la diana ideal para estos catetos potenciales de pro. La maestra aporreaba la mesa con el lapicero y yo soñaba en canciones en tres idiomas, una ciudad con alas y nuevas modas de coletas sueltas y bombachos dorados.
Después llegó el cole. Por aquel entonces yo ya hablaba, alto y claro y casi de pito y todo. Mis padres tuvieron la genial idea de cambiar de ciudad, qué chispa la suya al escoger un destino tan cosmopolita y ecléctico, que si peras que si manzanas. El primer día de primero de primaria fui la primera en entrar al aula; vestida con bombachos, delgada de saludos, inédita e incógnita. Que es que en los párvulos se hacen lazos muy firmes y tú, con ese acento raro y esos pantalones cortos que parecen una falda, tú eres una rara que no veas y vas a ser, aunque sólo dure un rato, la diana ideal para estos catetos potenciales de pro. La maestra aporreaba la mesa con el lapicero y yo soñaba en canciones en tres idiomas, una ciudad con alas y nuevas modas de coletas sueltas y bombachos dorados.
Pero el cole sabía a menú sin postre. El piano, las letras, las artes, los muebles blandos de la casa de los tres ositos, no eran más que pasatiempos vagos para la mente fenicia de una comerciante con rizos sin dorar como yo. Siempre fui una visionaria, yo lo planeo y que trabajen otros. Lo vi claro y ejecuté con precisión. El ascensor modernista daba el disparo de salida, los invitados estaban llegando. Mis padres les daban la bienvenida a sus amigos queridos y yo reclutaba a mis hermanos tan queridos como menores para que desfilaran a mis órdenes. Ofrecíamos bebidas, espectáculo y pica-pica a un precio razonable; y ellos picaban, vaya si picaban. Mis hermanos no sabían de porcentajes, eran queridos pero sobretodo eran menores, así que directamente me forraba a su costa.

Mis amigas lo son tanto que a veces me acuerdo de sus recuerdos. Mi toalla roja, las zanahorias heladas de Tanya, los bombachos exóticos de Carla, los intríngulis del trilingüismo de Daniela, la explotación infantil que un día se le ocurrió a Blanca… los confundo, hago míos los suyos y les cedo a ellas también mi pasado. Espera, espera, ¿amigas o hermanas?... ya ni me acuerdo…
Image by Aya Takano
lunes, 4 de junio de 2007
Pelirrojas
Pelirrojas.
Blandas y cartílagos como una sepia.
Moquetas mansas en las que tumbarse, de vello fino de césped rosa.
Privativas y breves, pocas y pecas, que hasta las pestañas límpidas dejan paso a mares. Reserva de mares y escama arcana, que ni a sus dedos desvelan misterios.
Roja en el alma, blanca la bestia, mar en sus ojos, tersa de aire.
Hazme un abrigo de tus tentáculos.
Pelirroja roja de peluca suave.
Blandas y cartílagos como una sepia.
Moquetas mansas en las que tumbarse, de vello fino de césped rosa.
Privativas y breves, pocas y pecas, que hasta las pestañas límpidas dejan paso a mares. Reserva de mares y escama arcana, que ni a sus dedos desvelan misterios.
Roja en el alma, blanca la bestia, mar en sus ojos, tersa de aire.
Hazme un abrigo de tus tentáculos.
Pelirroja roja de peluca suave.

collage, Julie Morstad, John William Waterhouse & unas sepias muy majas...
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