
Empecé con las más recientes del género: Promesas del Este, de David Cronenberg; Pulp Fiction, de Quentin Tarantino; Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles; o las series The Wire y Los Soprano de la HBO.
Entonces, me enamoré. De nadie en concreto, del patrón en general. Del gángster clásico y del reciclado. Y supe desde el primer instante, que no era el amor adolescente por el que sufren Patri y las demás, esto era más bien un sentimiento de pertenencia, un algo más digno y férreo. Era amor del verdadero.
Y es que la voz profunda e hipnótica de Vito Corleone, el fiera que creó Coppola, consigue que pase por alto sus innumerables asesinatos, que olvide el pánico de los disidentes y confunda la sangre con salsa para los spaghetti.
La cicatriz seductora de Tony Camonte, el cruel Scarface de Howard Hawks; tanto de lo mismo. La ternura grasienta de Tony Soprano, quien siempre me ha recordado a un enorme pollo frito desmenuzado en un cubo de cartón; otro ejemplo más. Me atrapan, puro magnetismo, me fascina su encanto ambiguo de bella y bestia, todo en uno.
La cicatriz seductora de Tony Camonte, el cruel Scarface de Howard Hawks; tanto de lo mismo. La ternura grasienta de Tony Soprano, quien siempre me ha recordado a un enorme pollo frito desmenuzado en un cubo de cartón; otro ejemplo más. Me atrapan, puro magnetismo, me fascina su encanto ambiguo de bella y bestia, todo en uno.
“Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, quise ser un gángster”, dice Henry Hill al principio de Uno de los nuestros de Scorsese. Pues yo también. Son gordos pero entrañables, ricos pero generosos con sus esposas, bárbaros individualistas que darían un brazo por no traicionar a sus colegas, sus protegidos.
Las películas y las series que protagonizan son igualmente ambiguas, ¿alegra o entristece que Carlitos Brigante sea tiroteado en el Atrapado por su pasado de Brian de Palma? Es un crápula, un indeseable, un trapichero y un verdugo, pero a mí, ¡a mí me da una pena verle allí tendido con más agujeros que un queso gruyere!
Es así, me siento más cercana a los mafiosos que a los superhéroes de capa y puño y braguita por fuera. A mí me van más los sombreros borsalinos, las gabardinas y los manteles de cuadros rojos y blancos. A mí me tira la elegancia de Al Capone, los bajos fondos, la ley húmeda de los hombres secos de espíritu.
Ya está. Lo he decidido. Voy a lanzarme de este trampolín al hades de la mafia, a las catacumbas de lo moral. De cabeza, doble pirueta y salto mortal. Voy a dejarlo todo para ganarme su confianza, voy a trepar entre sus barrigas y llegar a la cumbre del crimen organizado. Tendré que hacer maletas, puede que me quepa todo en mi funda de violín. Unas balas, un fajo de billetes y un traductor Power Pocket con frases hechas en ruso e italiano.
Tendré que escribirle algo a mi madre, la mia mamma. Algo para que aguarde a su hija hasta que vuelva convertida en un capo de cien kilos y le ponga una casa más grande que el polideportivo de Fuenlabrada. Tal vez podría ser algo como:
Es así, me siento más cercana a los mafiosos que a los superhéroes de capa y puño y braguita por fuera. A mí me van más los sombreros borsalinos, las gabardinas y los manteles de cuadros rojos y blancos. A mí me tira la elegancia de Al Capone, los bajos fondos, la ley húmeda de los hombres secos de espíritu.
Ya está. Lo he decidido. Voy a lanzarme de este trampolín al hades de la mafia, a las catacumbas de lo moral. De cabeza, doble pirueta y salto mortal. Voy a dejarlo todo para ganarme su confianza, voy a trepar entre sus barrigas y llegar a la cumbre del crimen organizado. Tendré que hacer maletas, puede que me quepa todo en mi funda de violín. Unas balas, un fajo de billetes y un traductor Power Pocket con frases hechas en ruso e italiano.
Tendré que escribirle algo a mi madre, la mia mamma. Algo para que aguarde a su hija hasta que vuelva convertida en un capo de cien kilos y le ponga una casa más grande que el polideportivo de Fuenlabrada. Tal vez podría ser algo como:
Cara mamma, quiero ser mafiosa. Ya ves, lo mío es vocación. Sé que te parecerá algo extraño que me vaya así, de repente, pero nadie me ha obligado, en serio. Es Cosa Nostra, cosa mía. No puedo luchar contra mi propia naturaleza y mi naturaleza, mamma, es ser una gángster y usar metralleta. No te asustes, no hay nada que temer. El padrino va a cuidarme y pienso comer pasta boloñesa todos los días. Dile a la abuela que seré honrada, prometo no matar por la espalda ni delatar a mis hermanos. Extorsionaré lo justo y siempre a gente mala o fea. Despídeme de Toby, de Nico y de papá.
La tua figlia, Junior Bortireli
La tua figlia, Junior Bortireli
Por cierto, el otro día me preguntaste que qué quería de regalo para mi cumple. Ya lo sé, creo que me vendría bien un potente quitamanchas.
El cine recordará mi nombre. Mis gestas darán, como mínimo, para una trilogía.
Publicado en La Bultra Junio09 http://www.labultra.com/