
Pero Millie cree en los fantasmas y no quiere que sean algo razonable, quiere que sigan formando parte de esa parcela maravillosa que ocupa lo inexplicable. La adrenalina del pasillo oscuro, la esperanza de que sigan ahí los que no quieres que se vayan.
“Y por eso un perro al que el veterinario le ha hecho una operación realmente importante y tiene clavos que le salen de la pata si ve un gato se olvida de que tiene clavos saliéndose de la pata y corre tras él. Pero cuando a una persona la operan tiene una imagen en la cabeza del dolor que sentirá durante meses y meses. Y tiene una imagen de todos los puntos que le han dado en la pierna y del hueso roto y de los clavos e incluso aunque vea que se le escapa el autobús no corre porque tiene una imagen en su cabeza de los huesos aplastándose y crujiendo, y de los puntos soltándose y de más dolor aún.”
Pero Millie pierde fácilmente la perspectiva, como los perros. Se enamora de los hombres más inadecuados, aún sabiendo de antemano que van a aplastarle el corazón y la cabeza le va a crujir tanto de dolor que incluso las pestañas se le van a ir soltando poco a poco, una a una, al mismo ritmo al que van las cosas en una mesa de tortura china.
“La gente dice que Orión se llama Orión porque Orión era un cazador y la constelación parece un cazador con garrote y arco y flecha. Pero es una verdadera tontería porque no son más que estrellas, y podrías unir los puntitos como quisieras, y hacer que pareciese una señora con un paraguas que saluda, o la cafetera de la señora Shears, que es de Italia, con una asa y vapor que sale, o un dinosaurio.”
Y Millie sabe que le vendría bien un poco más de praxis, pero no puede evitar ver siempre el lado poético de las cosas. Se duerme con el libro encima de la cara y sueña que Orión, el cazador cosmonauta, la rescata con su garrote y su arco y su flecha y se la lleva bien lejos, más allá de las estrellas palmarias…hasta vías remotas donde el malo maligno del pensamiento pragmático no pueda ya encontrar ni una miga de su humilde pero imprescindible imaginación.
Citas de El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon.
Regalo de Julio, muchas las gracias.